Escuela de Canto Hansel y Gretel

Conciertos de Navidad 2025

Conciertos de Navidad 2025

La Escuela Profesional de Canto Hansel y Gretel celebrará en las próximas fechas los siguientes conciertos de Navidad:

  • Domingo 21 de diciembre a las 13:00. Iglesia de Santa María Magdalena, C/ Colón 20 (en ayuda de la restauración de la Iglesia).
  • Sábado 20 de diciembre a las 12:00. En el C. Cívico J.L. Mosquera en colaboración con el Coro Voces del Pisuerga.

¡Os esperamos!

Nueva participación en la Zarzuela «Agua, Azucarillos y Aguardiente»

Nueva participación en la Zarzuela "Agua, Azucarillos y Aguardiente"

Al igual que en otras ocasiones, este año volvemos a participar en la zarzuela «Agua, Azucarillos y Aguardiente» de Federico Chueca con el Coro Lírico Voces del Pisuerga.

La actuación tendrá lugar el Viernes 17 de Octubre de 2025 en el Centro Cívico Parquesol de Valladolid a las 19:00 horas.

¡Os esperamos!

Entrega de la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo a José Jiménez Lozano

Entrega de la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo a José Jiménez Lozano

«VALLADOLID. En la entrega de la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo a José Jiménez Lozano, el director de Relaciones Institucionales de El Norte recordó cómo Miguel Delibes solía sugerirle que se viniera a vivir desde Alcazarén a la capital, a lo que el escritor abulense respondía: «Por ahora, no interesa». «Le gustaba estar lejos, pero cerca, del mundanal ruido», evocó Carlos Aganzo, quien ha desvelado cómo lo primero que le gustaba decir cada vez que llegaba a la capital del Pisuerga era: «¿Qué se cuece por Valladolid?»
 
El alcalde, Óscar Puente, presidió el acto de entrega de la Medalla de Oro de Valladolid a José Jiménez Lozano que se ha celebrado en el Salón de Recepciones de la Casa Consistorial. Su viuda, Dora Vicente, y su hijo Ángel fueron los encargados de recoger la distinción otorgada al Premio Cervantes de Literatura.
 
Al evocar la figura del escritor fallecido el 9 de marzo de 2020, pocos días antes del confinamiento por la covid, Puente resaltó cómo la grandeza de su obra literaria y humanística no le impidió ser «un persona sencilla y discreta en su vida privada», para lo que echó mano de un párrafo de su obra Elegías menores. «Yo querría que se leyesen y se amasen mis libros, pero que se olvidase el nombre de quien los escribió. Y no es que no me importe el afecto o el aprecio de los demás: me importa del todo y es lo que me ayuda a vivir; pero ¡tengo tanto miedo al ‘yo’, a la vanidad, al orgullo, a la estupidez, a la condición de ‘autor’, a la gloria!».
Un cristiano ejemplar
Jiménez Lozano, que dejó una obra «caracterizada por su riqueza, complejidad y originalidad, sin parangón en nuestro ámbito», ya había sido reconocido por la capital vallisoletana en 2010, cuando se dio su nombre al Instituto de Enseñanza Secundaria de la calle Felipe Ruiz Martín, en el barrio de Parquesol. En 2017, a iniciativa del Arzopispado de Valladolid, el papa Francisco le agració con la cruz Pro Ecclesia et Pontifice por su trayectoria periodística, su papel en la gestación de Las Edades del Hombre y su ejemplaridad como persona y cristiano.
 
Caracterizado con el «ensimismamiento del sabio distraído», Aganzo apuntó que Jiménez Lozano «construyó su vida con palabras en Valladolid y la lanzó al mundo» de una manera que el propio escritor abulense resumía así: poniendo «una palabra detrás de otra» y haciendo «las cosas medianamiente bien y sin aspavientos».
 
Nacido en Langa, en la Moraña abulense, el 13 de mayo de 1930, José Jiménez Lozano estudió Derecho en la Universidad de Valladolid y Filosofía y Letras en Salamanca y Madrid. En 1956 se
matriculó en la Escuela Oficial de Periodismo y poco después inició su colaboración en El Norte de Castilla, con una columna que llevaba por título Ciudad de Dios, en el tiempo en el que El Norte estaba dirigido por Miguel Delibes. Aquí compartió tarea con periodistas como Manuel Leguineche, César Alonso de los Ríos, José Luis Martín Descalzo o Javier Pérez Pellón. En el decano de la prensa nacional cubrió como corresponsal el Concilio Vaticano II y escribió editoriales sobre política internacional y en defensa de la libertad de expresión.
 
Desde 1978 ocupó el cargo de subdirector del periódico, con Miguel Delibes al mando, y más tarde asumió la dirección del diario hasta su jubilación en 1995. Delibes, ha recordado Puente, le dedicó su novela ‘Cinco horas con Mario’, un personaje en parte inspirado en Jiménez Lozano.
 
Obra ingente
La obra literaria de Jiménez Lozano consta de veintisiete novelas, trece libros de cuentos, diez poemarios y siete volúmenes de diarios y cartas, veinticinco ensayos y once libros en los que recogen sus artículos periodísticos. En sus textos abordó temas fundamentales de la historia de España, como la Inquisición, la convivencia entre judíos, moros y cristianos o la guerra civil española y la posguerra. Y relacionó acontecimientos relevantes que tuvieron lugar en España con otros acaecidos en diversos lugares de Europa, tales como la Revolución francesa, los procesos de secularización o la aparición de los totalitarismos y sus consecuencias en el siglo XX.
 
Junto a sus amigos el sacerdote José Velicia y el arquitecto Pablo Puente, ideó las exposiciones Las Edades del Hombre, que se celebran desde 1988 para poner en valor el arte sacro de Castilla y León, mientras que su extensa trayectoria literaria y periodística le reportó numerosos reconocimientos, como en 1988 el Premio Castilla y León de las Letras, un año después el Premio de la Crítica, en 1992 el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 1994 el Premio Luca de Tena de Periodismo.
 
En 1996 fue distinguido con el Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Literaria, en 1999 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, en 2000 se le otorgó el Premio Nacional de Periodismo ‘Miguel Delibes’ y en 2002 fue galardonado con el Miguel de Cervantes. En 2006 se le entregó el Premio Cossío por su trayectoria profesional y el Ayuntamiento de Ávila le designó Hijo Adoptivo de esa ciudad en 2012.
 
Discípulo de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa (’la Teresa’, abulense como él), pero también de Ortega Gasset, Aganzo remató la semblanza de Jiménez Lozano con unas palabras que el propio autor dedicaba a su paisano Jacinto Herrero: «Todo lo bueno que digamos de él es poco».
 

¿Por qué hay que vivir cantando?

¿Por qué hay que vivir cantando?

Por qué hay que vivir cantando: mejora la función cerebral y evita los trastornos cognitivos asociados a la edad.
Un equipo de expertos en neurociencia y psicología clínica de la Universidad de Helsinki identifica el canto como una actividad beneficiosa para el cerebro y para tratar la afasia.
 
El profesor Teppo Särkämö estudia cómo afecta el envejecimiento al procesamiento cerebral del acto de cantar, lo que podría tener importantes aplicaciones terapéuticas. “Sabemos mucho sobre el procesamiento del habla, pero no tanto sobre el canto. Estamos estudiando el hecho de que determinadas funciones relacionadas con el canto se conservan en personas con multitud de enfermedades neurológicas”, explica.
Expresarse puede ser una tarea prácticamente imposible para las personas con afasia, una enfermedad provocada generalmente por un accidente cerebrovascular que afecta gravemente a la capacidad para comunicarse, ya que les resulta muy complicado articular las palabras correctas. Sin embargo, aplicando una técnica conocida como “terapia de entonación melódica”, consistente en solicitar a la persona que cante una oración habitual en lugar de decirla, sorprendentemente logra hacer salir las palabras.
 
Särkämö es el coordinador del proyecto PREMUS y, junto con su equipo, utiliza métodos similares y amplía esta estrategia creando “coros senior”, específicamente dirigidos a pacientes con afasia y sus familiares. Los científicos exploran así el potencial del canto como importante herramienta de rehabilitación en casos de afasia, y quizás también para prevenir el deterioro cognitivo.
 
Entonar las notas adecuadas
El estudio PREMUS se realiza en coordinación con una asociación local de Helsinki dedicada a la afasia, y en él participaron varios coros, cada uno integrado por unas 25 personas con afasia y sus familiares cuidadores. Los resultados de los ensayos realizados son prometedores.
 
“En última instancia, el objetivo de nuestro trabajo con personas con afasia es utilizar el canto como herramienta para ejercitar la producción del habla y llegar en algún momento a comunicarse sin necesidad de cantar. No obstante, en los coros estamos viendo el efecto que tiene esta intervención en las vidas cotidianas de las personas como herramienta esencial de comunicación”, afirma Särkämö.
 
Además del coro de personas con afasia, el equipo ha hecho un gran número de resonancias magnéticas funcionales (IRMf) del cerebro de personas jóvenes, de mediana edad y mayores que cantan en coros para averiguar por qué esta actividad es tan importante en distintas etapas de la vida. Los resultados apuntan a que, con la edad, las redes cerebrales que participan en el canto sufren menos cambios que las responsables del habla, lo que parece indicar que el canto tiene un efecto más global en el cerebro y sufre menor deterioro con la edad.
 
De sus estudios también se desprende que resulta fundamental cantar activamente y no solo escuchar música coral, por ejemplo. “Cuando cantas, se activan los sistemas frontal y parietal del cerebro, encargados de regular el comportamiento, y se utilizan más recursos motores y cognitivos asociados al control verbal y las funciones ejecutivas”, señala Särkämö. Los resultados iniciales de un estudio longitudinal en el que se comparaba la función neurocognitiva de integrantes de los coros de mayores y otros adultos sanos de edad avanzada (que no cantaban) ponen de manifiesto los efectos positivos de cantar en la función cognitiva y auditiva y la importancia de la interacción social asociada a esta actividad, que podría retrasar la aparición de la demencia.
 
Los miembros del coro obtuvieron mejores resultados en las pruebas neuropsicológicas, informaron de menos dificultades cognitivas y disfrutaban de una mayor integración social. Los electroencefalogramas realizados a los mismos grupos indican que los integrantes del coro poseían capacidades más avanzadas de procesamiento auditivo de alto nivel que les permitían en particular combinar la información sobre el tono y la ubicación en las regiones frontotemporales del cerebro, algo que Särkämö atribuye a la complejidad del entorno sonoro que se da en un coro.
 
El siguiente paso consistirá en reproducir y ampliar este trabajo con coros de personas mayores diagnosticadas con alzhéimer, así como desarrollar un ensayo clínico a gran escala para comprobar los efectos. No obstante, las dificultades probablemente sean otras en el caso de la enfermedad de Alzheimer: los pacientes pueden recordar canciones de su pasado, pero Särkämö no está seguro de que puedan aprender y recordar letras nuevas.
 
Es tanto optimista como realista con su trabajo. “Se trata de intentar estimular las redes que se mantienen activas en el cerebro. Creemos que cantar puede ayudar a recuperar algunas de esas funciones, aunque dado el devastador deterioro progresivo que provoca el alzhéimer, lo único a lo que se puede aspirar es a ganar tiempo y tratar de ralentizar el ritmo del declive que ya se esté produciendo”.
 
La misma partitura
Christian A. Drevon, profesor de medicina en la Universidad de Oslo (Noruega), también se consagra a dar solución a los problemas a los que se enfrenta una población envejecida. Drevon es especialista en biomarcadores y, en el marco del proyecto Lifebrain, financiado con fondos de la UE, está utilizando sus conocimientos para comprender los distintos factores que afectan a la función neurocognitiva.
 
“La mayoría de los estudios sobre el alzhéimer son transversales: se toma un grupo de personas, se examina un momento concreto y se asocian ciertas cosas con quienes padecen y no padecen la enfermedad”, explica. “Sin embargo, a menudo no existe causalidad; no puede saberse si se trata del motivo de la enfermedad o de una consecuencia de esta”.
 
Para poder comprender verdaderamente cómo funcionan el alzhéimer y la demencia, se requieren datos de personas antes y después de enfermar, de manera que se pueda identificar cuál fue el detonante. Desentrañar esta cuestión es el principal objetivo del proyecto Lifebrain, coordinado por los profesores en psicología Kristine Walhovd y Anders Fjell.
 
En el marco de esta iniciativa se han recabado datos de IRM cerebrales de personas de toda Europa para analizar la importancia de una serie de factores para la cognición a medida que se envejece y cómo varían de una persona a otra.
 
Antes de poder analizar más de 40.000 imágenes de resonancia magnética cerebral de más de 5.000 personas de entre 18 y 80 años, fue necesario armonizar los datos. ¿Ofrecen los mismos resultados los escáneres de resonancia magnética de Suecia y de España? Para asegurarse de que así sea, Lifebrain envió a ocho participantes a distintos puntos de Europa para someterse a un escáner y ajustar los equipos en función de los resultados.
 
Se armonizaron todas las pruebas psicológicas (incluidos tests cognitivos) y otros datos recabados (peso corporal, datos demográficos, genéticos y sobre el estilo de vida, como el sueño y la dieta).
 
A continuación, el equipo cruzó la información de IRM con otras bases de datos y descubrió nuevos indicios de la importancia que tienen en un menor riesgo de demencia el lugar donde se vive y el acceso a espacios verdes. También se descubrió que la educación y el sueño, por el contrario, guardan menos relación con el futuro riesgo de demencia de lo que se pensaba.
 
“Muchos estudios sostienen que la educación es muy importante para reducir el riesgo de padecer demencia. Pero, si se realiza un seguimiento longitudinal a lo largo de la vida de las personas, no se aprecia tal asociación”, explica Drevon. “Esto no significa que la educación no sea importante, sino que probablemente no sea cierto que pueda evitar la aparición de la demencia. Debemos buscar otros factores determinantes”.
 
Dado el elevado coste de las resonancias magnéticas, Drevon sugiere utilizar pequeñas muestras de sangre (manchas de sangre seca) extraídas del dedo con ayuda de una lanceta, sin asistencia profesional, para obtener datos individuales en el futuro. Estas muestras se analizarían en un laboratorio como Vitas Ltd, socio de Lifebrain, y podrían resultar determinantes para ofrecer asesoramiento personalizado y en línea sobre riesgos individuales.
 
“Si queremos conseguir realmente mejorar el estilo de vida, el camino es probablemente la personalización. Es necesario medir varios factores de cada persona a lo largo de su vida”, señala. “Lo mejor que podemos hacer para combatir el deterioro cognitivo y la demencia es adoptar medidas preventivas tempranas, y para ello se necesitan este tipo de datos a lo largo de la vida”.
 
Canciones para hacer ejercicio
El profesor Drevon confía en que, con el tiempo, esta información personalizada pueda ayudar a retrasar, o quizás a erradicar, ciertos aspectos de la demencia. Entretanto, ¿por qué no cantar para evitar el deterioro cognitivo, como proponen Särkämö y el proyecto PREMUS? ¿Está de acuerdo en que cantar podría ser una importante medida preventiva?
 
“El cerebro es como un músculo. Si entrenas, lo tonificas, como cuando lo utilizas para cantar: se trata de una tarea compleja en la que intervienen muchos procesos y que requiere retentiva. Existen, por supuesto, otras formas de entrenar al cerebro, pero cantar es un excelente ejemplo de actividad que puede ayudar a mejorar la función cerebral”, cuenta.
Vía EL PAÍS

Descubren neuronas «cantarinas» que solo se activan en nuestro cerebro con el canto

Descubren neuronas "cantarinas" que solo se activan en nuestro cerebro con el canto

Un equipo de neurocientíficos del Instituto de Tecnología de Massachusetts ha identificado, por primera vez, una población de neuronas que responde únicamente a la voz cantada.
 
Por primera vez, neurocientíficos del Instituto de Tecnología de Massachusetts en EE UU (MIT) han identificado una población de neuronas en el cerebro humano que se ilumina cuando oímos cantar, pero no otros tipos de música.
 
Estas neuronas, que se encuentran en la corteza auditiva, parecen responder a la combinación específica de voz y música (o voz melodiosa cantada), pero no al habla normal ni a la música instrumental. Los investigadores afirman que se desconoce qué es lo que hacen exactamente y que habrá que seguir trabajando para descubrirlo.
«Este estudio revela algunas de las dimensiones de respuesta dominantes que organizan el córtex auditivo humano, lo cual es muy importante para comprender y modelar los mecanismos neurales del procesamiento auditivo», señala a SINC el primer firmante del estudio, Samuel Norman-Haignere, antiguo posdoc del MIT y ahora profesor asistente de neurociencia en el Centro Médico de la Universidad de Rochester (EE UU).
 
«El trabajo también sugiere que las representaciones de la música se fraccionan en poblaciones neuronales distintas que responden selectivamente a diferentes tipos de música. Entender cómo y por qué se desarrolla esta organización es una cuestión importante para futuras investigaciones», añade el experto.
 
El estudio, que se publica hoy en la revista Current Biology, se basa en un trabajo de 2015 en el que el mismo equipo de investigación utilizó imágenes de resonancia magnética funcional (RMNf) para identificar una población de neuronas en la corteza auditiva del cerebro que responde específicamente a la música. En la nueva investigación, los científicos utilizaron mediciones de la actividad eléctrica tomadas en la superficie del cerebro, lo que les proporcionó información mucho más precisa que la RMNf.
 
«Hay una población de neuronas que responde al canto, y muy cerca hay otra que responde ampliamente a gran cantidad de música. A escala de la RMNf, están tan cerca que no se pueden separar, pero con las mediciones intracraneales obtenemos una resolución adicional, y eso es lo que creemos que nos permitió distinguirlas», comenta Norman-Haignere.
 
Combinación de técnicas
En el estudio de 2015, los neurocientíficos utilizaron la RMNf para escanear los cerebros de los participantes mientras escuchaban una colección de 165 sonidos, entre los que se encontraban diferentes tipos de habla y música, así como sonidos cotidianos como el repiqueteo de un dedo o el ladrido de un perro. Gracias a esta investigación, los científicos identificaron seis poblaciones neuronales con diferentes patrones de respuesta, incluida una población selectiva para la música y otra población que responde selectivamente al habla.
 
Ahora, en su nuevo trabajo, los investigadores usaron una técnica conocida como electrocorticografía (ECoG), con el fin de obtener datos de mayor resolución. Esta técnica permite registrar la actividad eléctrica mediante electrodos colocados directamente sobre la superficie del cerebro, lo que ofrece una imagen mucho más precisa de la actividad eléctrica en el cerebro en comparación con la RMNf, que mide el flujo sanguíneo en el cerebro como indicador de la actividad neuronal.
 
«Con la mayoría de los métodos de la neurociencia cognitiva humana, no se pueden ver las representaciones neuronales», explica Nancy Kanwisher, catedrática de neurociencia cognitiva y miembro del Instituto McGovern de Investigación Cerebral y del Centro de Cerebros, Mentes y Máquinas (CBMM) del MIT. “La mayor parte de los datos que podemos recoger nos dicen que aquí hay un trozo de cerebro que hace algo, pero eso es bastante limitado. Queremos saber qué está representado ahí”.
 
La electrocorticografía no puede realizarse normalmente en seres humanos porque es un procedimiento invasivo, pero se utiliza a menudo para controlar a los pacientes con epilepsia que están a punto de someterse a una cirugía para tratar sus convulsiones. Las personas son monitorizadas durante varios días para que los médicos puedan determinar dónde se originan los ataques antes de operar. Durante ese tiempo, si los pacientes están de acuerdo, pueden participar en estudios que consisten en medir su actividad cerebral mientras realizan determinadas tareas. Para este trabajo, el equipo del MIT pudo reunir datos de 15 participantes durante varios años.
 
«La ECoG proporciona una medida mucho más precisa de la respuesta neural, pero las oportunidades de registrar respuestas son escasas y la cobertura es mucho peor que la RMNf, ya que los electrodos se implantan por razones clínicas (principalmente para localizar los focos de ataques epilépticos)», explica a SINC Norman-Haignere. «Una de las innovaciones metodológicas del estudio fue desarrollar una técnica para combinar la precisión de la ECoG con la densa cobertura espacial de las respuestas de la RMNf», añade.
 
Descubrimiento de una nueva población neuronal
Para estos participantes, los investigadores reprodujeron el mismo conjunto de 165 sonidos que utilizaron en el estudio previo. La ubicación de los electrodos de cada paciente fue determinada por sus cirujanos, por lo que algunos no captaron ninguna respuesta a la entrada auditiva, pero muchos sí. Mediante un novedoso análisis estadístico que desarrollaron, los expertos pudieron inferir los tipos de poblaciones neuronales que producían los datos registrados por cada electrodo.
 
«Cuando aplicamos este método al conjunto de datos, surgió este patrón de respuesta neuronal que solo respondía al canto. Fue un hallazgo que realmente no esperábamos, así que justifica en gran medida el objetivo del método, que es revelar cosas potencialmente novedosas», afirma Norman-Haignere.
 
Esa población de neuronas tenía respuestas muy débiles al habla o a la música instrumental, y por lo tanto es distinta de las poblaciones selectivas para la música y el habla identificadas en la investigación realizada en 2015.
 
«En nuestro estudio anterior, descubrimos seis patrones de respuesta diferentes, dos de los cuales respondían selectivamente al habla y a la música, y cuatro de los cuales tenían respuestas que se
correlacionaban con medidas acústicas estándar (por ejemplo, la frecuencia del sonido). Aquí, además, descubrimos una respuesta neural que respondía selectivamente al canto», destaca el experto.
 
Música en el cerebro 
En la segunda parte de su estudio, los investigadores idearon un método matemático para combinar los datos de las tomas intracraneales con los datos de RMNf de su estudio de 2015. Dado que la resonancia puede abarcar una porción mucho mayor del cerebro, esto les permitió determinar con mayor precisión las ubicaciones de las poblaciones neuronales que responden al canto.
 
«Esta forma de combinar la ECoG y la RMNf es un avance metodológico importante», afirma Josh McDermott, profesor asociado del departamento de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del MIT. «Mucha gente ha estado haciendo ECoG en los últimos 10 o 15 años, pero siempre ha estado limitado por este problema de la escasez de las grabaciones. Samuel Norman-Haignere es realmente la primera persona que descubrió cómo combinar la resolución mejorada de los registros de electrodos con los datos de RMNf para obtener una mejor localización de las respuestas globales».
 
Esta población de neuronas selectivas al canto se encuentra en la parte superior del lóbulo temporal, cerca de las regiones que son selectivas para el lenguaje y la música. Su localización sugiere que estas neuronas pueden responder a rasgos como el tono percibido, o la interacción entre las palabras y el tono percibido, antes de enviar la información a otras partes del cerebro para su posterior procesamiento, explican los científicos.
 
Los investigadores esperan aprender más sobre qué aspectos del canto impulsan las respuestas de estas neuronas. Además, junto con el laboratorio de la profesora del MIT, Rebecca Saxe, pretenden estudiar si los bebés tienen áreas selectivas para la música, con la esperanza de conocer más sobre cuándo y cómo se desarrollan estas regiones del cerebro.